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viernes, 3 de abril de 2009

Comer en familia promueve hábitos sanos de alimentación en los adolescentes

Los buenos hábitos de alimentación surgen cuando las familias comen juntas, según un estudio de la Universidad de Minnesota en Filadelfia (Estados Unidos). El estudio, que se publica en la revista Journal of Nutrition Education and Behavior, muestra que los adolescentes que participaban en comidas familiares regulares informaban de dietas y patrones de alimentación más sanos en comparación con aquellos otros que no comían en familia.En el estudio participaron 303 chicos y 374 chicas adolescentes que completaron encuestas y un cuestionario en el aula en 1998 y 1999 cuando tenían entre 12 y 13 años y después cinco años más tarde. La participación regular en las comidas familiares, definida como cinco o más comidas realizadas en familia, disminuyó con el tiempo. El 60 por ciento de los jóvenes comían en familia al inicio de la adolescencia en comparación con el 30 por ciento durante los siguientes años. Comer en familia de forma regular al inicio de la adolescencia y en los años siguientes se asoció con una mayor frecuencia de desayunos y cenas y con un mayor consumo de vegetales, alimentos ricos en calcio, fibra dietética y una variedad de nutrientes que incluían el calcio, magnesio, potasio, hierro y zinc en los anteriores cinco años. Según los investigadores, un descubrimiento importante es que los adolescentes que comían en familia a los 12 o 13 años y a los 17 o 18 tenían una mejor calidad en su dieta de media aunque esto no se diera en todos los participantes del estudio.Teri L. Burgess-Champoux, autor del estudio, explica que estos descubrimientos sugieren que las comidas familiares en la transición de los primeros años de la adolescencia impacta de forma positiva en el desarrollo de las conductas alimentarias sanas en la juventud. Burgess-Champoux afirma que debe promoverse entre padres, cuidadores y educadores esta experiencia de compartir las comidas durante este periodo clave en el desarrollo.

martes, 31 de marzo de 2009

Ir a comprar con el estómago vacío aumenta el riesgo de padecer obesidad

Un estudio ha revelado que ir al supermercado con más de cuatro horas de ayuno influye en la elección de los alimentos y favorece la adquisición de productos asociados a un saciado rápido de estómago, como snack, bollería, bebidas azucaradas o comida precocinada.Realizado por NC, empresa especializada en la investigación al servicio de la nutrición y la dietética, el estudio buscó analizar la incidencia que tiene sobre la obesidad acudir a comprar con el estómago vacío y contó con la participación de entre 5.000 mujeres de toda España, seleccionadas al azar y con edades comprendidas entre los 30 y los 65 años. Todas ellas contestaron una encuesta sobre frecuencia de consumo de alimentos y hábitos de vida y, posteriormente, han sido pesadas para medir tanto su grasa corporal como su Índice de Masa Corporal (IMC).

Los expertos eligieron como universo de la muestra a las mujeres porque suelen ser ellas las encargadas de realizar la compra en el hogar. De las 5.000 encuestadas, un 71,3% asegura que acude al supermercado con el estómago vacío, bien al final de la mañana o de la tarde. El 28’7% restante, por el contrario, realiza la compra poco tiempo después de haber comido, ya sea en el desayuno, la comida principal o la merienda.

De las mujeres que acuden a comprar con el estómago vacío, un 76,9% padece obesidad, es decir, tiene un IMC superior a 30. Este porcentaje se reduce al 37,4% en el caso de las mujeres que van al supermercado habiendo comido en las 4 horas anteriores. Es decir, que la relación de obesidad entre las mujeres que compran con el estómago vacío y habiendo comido es de 2 a 1 (las primeras son dos veces más propensas a padecerla).

El estudio confirma, por tanto, que ir al supermercado sin haber comido nada durante las 3 ó 4 horas anteriores suscita el llenado de la cesta de la compra muy por encima de nuestras necesidades. Además, se tiende a elegir alimentos que, visualmente, se asocian a un saciado rápido del estómago, como snack, bollería, bebidas azucaradas y comida precocinada. Esto es debido a que la glucosa en sangre disminuye a medida que el ayuno es más prolongado, lo que induce a tener apetencia por este tipo de productos.

Toda esta comida que se compra de más, aunque no sea ingerida en el momento, llega al hogar de la persona y acaba consumiéndose en los días sucesivos, tanto por la persona como por el resto de su familia. De ahí que un aspecto muy importante para disminuir la obesidad infantil sea evitar este tipo de alimentos en los hogares de familias con hijos.

El estudio determinó que acudir a al supermercado después de una comida saludable o sin el estómago vacío evita comprar por impulsos y favorece la adquisición de los alimentos que son necesarios aunque, por gustos, se opte por alguno de los antes mencionados pero no de forma masiva.

sábado, 14 de marzo de 2009

sábado, 17 de enero de 2009

sábado, 6 de diciembre de 2008

Buenos hábitos

Un articulo aparecido en http://www.publico.es/ :

ANTONIO GONZÁLEZ - Madrid - 03/12/2008 21:12

La falta de ejercicio físico en la infancia y la adolescencia no sólo es causa conocida de sobrepeso y obesidad, sino que también tiene una relación muy estrecha con el desarrollo de problemas psicológicos y emocionales en la edad temprana.

Esta es la principal conclusión de un estudio realizado entre 430 niños de entre 4 y 14 años de ocho provincias españolas, que pone de relieve también las deficiencias nutricionales de la población infantil.

El trabajo mide diferentes grados de actividad física combinando las horas de ejercicio a la semana con el tiempo dedicado a la televisión y los video-juegos en el mismo periodo, y concluye que los niños con un nivel de actividad física “malo” tienen casi un 80% más de riesgo de sufrir alteraciones en su desarrollo psicológico, porcentaje que es casi del 40% en el caso de quienes tienen un nivel “regular” de ejercicio. Sólo un 11% de los niños participantes mantenía un buen nivel de ejercicio. La relación es incluso mayor en el caso del exceso de peso, ya que los niños con obesidad se enfrentan al doble de riesgo de sufrir problemas como trastornos de hiperactividad o impulsividad, trastornos del espectro autista, dificultades en el lenguaje, ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria.

Un 50% más de riesgo
Según el estudio, financiado por Kellogg’s y presentado ayer por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, del Ministerio de Sanidad, el riesgo es un 50% mayor entre los que padecen sobrepeso.

En cualquier caso, uno de los autores del estudio, el neuropsicólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Francisco Rodríguez-Santos, advierte de que el trabajo refleja sólo una “tendencia”, ya que la muestra es todavía muy pequeña para sacar conclusiones firmes. Lo que sí está claro, tal como refleja la investigación, es que “a medida que empeora el nivel de actividad física, se va incrementando el porcentaje de niños con sospecha de alteración en algún área del desarrollo psicológico y viceversa”.

Asimismo, existe también una “relación muy importante” entre sobrepeso y problemas de desarrollo emocional.

Por otro lado, el estudio revela importantes carencias en materia de nutrición entre los niños incluidos en la muestra. Así, sólo el 19% mantiene una nutrición adecuada y el 8% de los menores incluidos ni siquiera desayuna antes de ir a la escuela.

“Nos estamos acostumbrado a esta situación de malos hábitos alimentarios”, explica otro de los autores, Lluís Serra, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que lamenta también la pérdida del hábito de comer en compañía.